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4 consejos para controlar la ira

La ira es una emoción natural que todos experimentamos de vez en cuando.

Sin embargo, cuando la ira se vuelve intensa, frecuente e incontrolable, puede provocar problemas en nuestras relaciones, trabajo y bienestar general.

El control de la ira se refiere a las habilidades y técnicas que podemos utilizar para gestionar eficazmente nuestra ira y evitar que se convierta en comportamientos destructivos. Inconscientemente, la ira puede utilizarse de muchas maneras.

Controlar la ira es un proceso complejo que implica una combinación de estrategias cognitivas, conductuales y emocionales. Veamos más de cerca algunos de los componentes clave del control de la ira.

Las estrategias cognitivas implican cambiar la forma en que pensamos sobre una situación que desencadena nuestra ira. Por ejemplo, en lugar de suponer inmediatamente lo peor sobre las intenciones o los motivos de alguien, podemos aprender a reformular nuestros pensamientos de una manera más positiva. Esto puede incluir cuestionar las suposiciones y creencias negativas, practicar la empatía y la comprensión, y centrarse en la resolución de problemas en lugar de culpar.

Las estrategias conductuales incluyen cambiar la forma en que reaccionamos a nuestra ira. Esto puede incluir aprender nuevas habilidades de afrontamiento, como técnicas de relajación, comunicación asertiva y resolución de problemas. Las estrategias conductuales también pueden consistir en evitar o apartarnos de las situaciones que desencadenan nuestra ira.

Las estrategias emocionales consisten en cambiar nuestra forma de sentir la ira. Esto puede incluir practicar la autocompasión, la atención plena y la aceptación.

La ira es una emoción normal y necesitamos expresarla. Si aprendemos a reconocer y aceptar nuestra ira, podemos evitar que se convierta en emociones más destructivas, como la vergüenza, la culpa o el resentimiento.

En general, el control de la ira requiere una combinación de estas estrategias cognitivas, conductuales y emocionales. Desarrollando un plan individualizado de control de la ira que incorpore estas estrategias, podemos aprender a controlar eficazmente nuestra ira y mejorar nuestro bienestar general. También es importante buscar ayuda profesional si nuestra ira está afectando significativamente a nuestra vida cotidiana o a nuestras relaciones.

¿Ayuda el desahogo a controlar la ira?

consejos para controlar la ira En primer lugar, es muy importante comprender cuál es la forma que tenemos de desahogarnos. Cada persona, en función de su edad y carácter, tiene su propia forma de desahogarse, aunque cualquier forma de desahogo tiene consecuencias negativas para nuestra salud mental.

Algunas formas habituales son los insultos y la violencia verbal en general, el llanto, los arrebatos violentos contra objetos y, en el peor de los casos, la violencia contra alguien cercano.

Las rabietas y los arrebatos, sólo pueden ser útiles si no conducen a problemas colaterales y no desgastan mentalmente a la persona.

Llorar, por ejemplo, alivia los sentimientos de ira y confusión, pero funciona negativamente para el control de la ira y para la persona en general cuando se vuelve persistente.

1. Evaluar la situación antes del estallido

Cuando surge un acontecimiento molesto o una situación estresante, normalmente cada uno de nosotros dispone de unos segundos antes de darse cuenta de lo que está pasando, indignarse y, finalmente, estallar.

Por lo tanto, la gestión de la ira debe centrarse en esos segundos previos al estallido, ya que después estaremos confusos y seremos incapaces de actuar con sensatez.

Una vez que sabemos lo que vamos a hacer cuando estallemos (por ejemplo, insultar, pegar, romper algo), nos tomamos unos segundos y pensamos si merece la pena. ¿Merece la pena pelearnos con nuestro hijo porque una vez más se ha ensuciado la ropa? ¿Merece la pena insultar y acabar guardando rencor al vecino porque ha dejado cosas delante de nuestra puerta? ¿Merece la pena acabar peleándonos con un amigo porque empezamos discutiendo por un incidente?

En la multitud de casos la respuesta que te darás a ti mismo será no y esa será tu herramienta natural para controlar la ira.

2. Controlo la ira teniendo en cuenta las consecuencias

Antes de recurrir al arrebato, podemos hacernos una reflexión más, que nos tranquilizará y evitará que lleguemos a los extremos.

Contemplar las consecuencias actúa como catalizador cerebral. Esencialmente, contrarresta la emoción de la ira con la razón. Cada decisión que tomamos implica útilmente un 50% de lógica y un 50% de emoción. Esto, por parte de la ira, funciona especialmente bien si no sólo traemos a nuestra mente las consecuencias, sino que traemos a colación las consecuencias inmediatas...

Cuando nos encontramos en un estado de frustración, nos enfrentamos a 2 perspectivas:

  • Obtener una liberación inmediata explotando de ira con todo lo que ello implica.
  • Evitar esta liberación instantánea, tratar de gestionarla sustancialmente, centrándonos en sus consecuencias en un futuro próximo.

Por naturaleza, nuestra mente tiende a gravitar hacia la primera consideración, buscando lo más inmediato. Por eso tenemos que pensar en cuáles serán las consecuencias inmediatamente después del estallido, para que esa primera consideración nos parezca una mala elección.

3. Evitar las situaciones que provocan ira prolongada

Muchas veces, podemos darnos cuenta de que hay ciertas situaciones que suelen llevarnos a estallidos de ira. Por ejemplo, que alguien cambie constantemente la ubicación de los objetos de tu escritorio.

En estas situaciones, no intentamos controlar los arrebatos. Nos centramos en eliminar la fuente de ira si se prolonga. Vale más un buen esfuerzo que un efecto duradero.

4. El desapego ayuda a la gestión

Por último, el desapego también es un aliado importante. En cuanto te das cuenta de que una situación se va a torcer y va a desembocar en una rabieta, es de gran ayuda cambiar de entorno durante unos minutos para que desaparezca por completo de tu mente.

Esto, funciona incluso después del episodio de ira. Normalmente, lo que nos enfada son las personas y las situaciones. Dando un paso atrás y limitándonos a nosotros mismos durante un rato, nos alejamos de cualquier factor de enfado, ¡siempre que no se convierta en un hábito, claro!

Ejercicio físico

consejos para controlar la ira El ejercicio físico puede ser una poderosa herramienta para controlar la ira. Cuando nos enfadamos, nuestro cuerpo libera hormonas como la adrenalina y el cortisol, que nos preparan para "luchar o huir". El ejercicio puede ayudarnos a canalizar esta energía de forma positiva, permitiéndonos liberar tensión física y quemar el exceso de energía.

Además, el ejercicio regular puede ayudar a reducir los niveles generales de estrés, lo que puede ayudar a evitar que la ira se acumule en primer lugar. El ejercicio también libera endorfinas, que son potenciadores naturales del estado de ánimo que pueden ayudar a reducir los sentimientos de ira y frustración.

Hay muchos tipos diferentes de ejercicio que pueden ser eficaces para controlar la ira. El ejercicio cardiovascular, como correr, montar en bicicleta o nadar, puede ser especialmente útil para quemar el exceso de energía y reducir el estrés. El yoga y otras prácticas mentales y corporales también pueden ser eficaces para controlar la ira, ya que fomentan la relajación y la atención plena.

Es importante tener en cuenta que el ejercicio no sustituye a la búsqueda de ayuda profesional si tiene problemas de ira. Sin embargo, incorporar la actividad física regular a su rutina puede ser una herramienta valiosa para controlar la ira y mejorar el bienestar general.

tratamiento para el control de la ira Tratamiento para el control de la ira

La terapia de control de la ira es un tipo de psicoterapia que se centra específicamente en ayudar a las personas a controlar su ira de forma sana y constructiva.

Cuando uno se da cuenta de que es incapaz de controlar su ira intensa, es importante buscar la ayuda de un especialista.
El objetivo de la terapia de control de la ira es ayudar a las personas a comprender las causas profundas de su ira, desarrollar estrategias de afrontamiento para hacer frente a los desencadenantes de la ira y aprender a expresarla de un modo más productivo.

Durante la terapia de control de la ira, las personas trabajan con un terapeuta para identificar las situaciones, pensamientos y emociones que desencadenan su ira. También aprenden a reconocer los signos físicos y emocionales de la ira, como el aumento del ritmo cardíaco, la tensión y la irritabilidad.

Los terapeutas pueden utilizar diversas técnicas, como la terapia cognitivo-conductual (TCC), las terapias basadas en la atención plena y las técnicas de relajación, para ayudar a las personas a aprender a controlar su ira de forma sana y eficaz.

 Terapia cognitivo-conductual (TCC)

La TCC es un tipo de terapia que se centra en identificar y cambiar los patrones de pensamiento negativos que contribuyen a la ira. En la TCC, las personas aprenden a cuestionar los pensamientos y creencias negativos sobre sí mismas, los demás y el mundo, y a sustituirlos por formas de pensar más positivas y constructivas.

Las terapias basadas en la atención plena, como la reducción del estrés basada en la atención plena (MBSR) y la terapia dialéctica conductual (DBT), también pueden ser eficaces para controlar la ira.

Estas terapias enseñan a las personas a estar presentes en el momento y a centrarse en sus pensamientos, sentimientos y sensaciones físicas sin juzgarlos. Esto puede ayudar a las personas a ser más conscientes de los desencadenantes de su ira y a aprender a reaccionar de forma más consciente y consciente.

Las técnicas de relajación, como la respiración profunda, la relajación muscular progresiva y la visualización, también pueden ser útiles para controlar la ira. Estas técnicas ayudan a las personas a aprender a relajar la mente y el cuerpo, lo que puede reducir los sentimientos de tensión e irritabilidad y promover una sensación de calma y bienestar.

En general, la terapia de control de la ira puede ser una herramienta valiosa para las personas que luchan contra sentimientos de ira intensos o frecuentes. Trabajando con un terapeuta y aprendiendo estrategias de afrontamiento eficaces, las personas pueden aprender a controlar su ira de un modo que fomente unas relaciones sanas y el bienestar general.

Así que su viaje en el control de la ira y la superación personal puede continuar a través des libros para Gestión de la ira

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