Cómo reducir las sensibilidades sensoriales

Cómo reducir las sensibilidades sensoriales

Teresa Garland

Máster en terapia ocupacional y Terapeuta ocupacional registrada 

Todos hemos trabajado con niños sensibles a los sonidos, las luces, el tacto, los sabores, los olores o el dolor. Algunos niños son sensibles a todo. Yo fui una de esas niñas y todavía tengo muchas sensibilidades. Pero, sorprendentemente, no tengo ningún problema para ir al dentista. Este es mi secreto: de niña, tuve un gran dentista que me decía que me concentrara en otra cosa mientras él trabajaba en mi boca. Lo hice y así conseguí aguantar el tratamiento sin demasiadas molestias. Fue una buena lección y me acordaba de hacerlo siempre que volvía a verlo.

Sin embargo, no aprendí a generalizar esta lección a otras situaciones hasta mucho después. Cuando tenía veinte años, estaba trabajando en un proyecto de remodelación de una casa con un amigo y me martillé el pulgar en lugar de darle al clavo. ¡Ah, qué dolor! Mi amigo me dijo que era una exagerada y que debía centrar mi atención en otra cosa hasta que el dolor se me pasara. Lo hice y, milagrosamente, funcionó. ¿Cómo es que mi amigo sabía esto y yo no? La razón era que él practicaba deportes y yo no practicaba ninguno. Los niños sensoriales no practican deportes porque les resultan bulliciosos y se chocan mucho con otros niños. ¡Este es un gran problema! Como consecuencia, se pierden muchas de las lecciones sociales y prácticas de la vida, entre ellas, la de focalizar su atención en otra cosa cuando algo les duele.

Podemos ayudar a los niños sensibles a aprender este nuevo truco. Por ejemplo, si Sara está jugando con un aspersor y le cae agua en la cara, en lugar de mirar cómo ella se concentra en la gran molestia que siente, le podemos sugerir que desplace su atención hacia otra cosa, como el propio aspersor, sus pies o sus manos. Si Martín está al lado de una alarma que suena durante varios segundos, puede enfocar la atención en su cuerpo (y en las manos sobre los oídos) y así permanecer centrado.

Aprender esta lección es un punto de inflexión para un niño sensible, y a continuación explicaremos el motivo. Nuestro cerebro funciona con gran eficiencia tratando siempre de predecir lo que va a ocurrir a continuación. Cuando una persona se centra en las molestias sensoriales, el cerebro supone que eso es a lo que se quiere prestar atención y priorizará la atención a las molestias. Por otro lado, cuando la persona comienza a ignorar el malestar que siente y se focaliza en otra cosa, el malestar pierde su importancia con el tiempo. Permitidme que lo repita. El malestar pierde importancia cuando no le prestamos atención. ¡Qué gran lección para nuestros niños!

He aquí un poco de ciencia: el circuito cerebral que procesa las prioridades se encuentra en la corteza insular anterior derecha (IA) y transmite las prioridades a la corteza cingulada anterior (CCA), que se encarga de las reacciones conductuales, motoras y emocionales y de la reorientación cognitiva.

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